Desde temprano reinaba
un clima de trabajos camperos. La hacienda
lanar se había repuntado hacia los
potreros más cercanos. Los caballos
bien herrados, los ovejeros atados cado
uno en su cucha. La proximidad en armonía
de la última labor del año
requería que los animales, igual
que los hombres, se mantengan livianos ante
la duda del calor. Los corrales y galpones
limpios; hasta las gallinas y otras aves
de corral, deberán limitar su libre
albedrío. Empieza la esquila.