Yo me
esperaba un chirlo, un huascazo con el fino
rebenque. Ya me tenía acostumbrada
el patrón. Todas las mañanas
me disponía al paseo cuando se levantaba
la helada, y él mismito nos despertaba
a todos en corral con su chiflidito bajo.
Pero no. Esta vez mandó al Miguel a
que me ensillara con el recao más fino
y las riendas nuevas. Honestamente pensé
que me iban a llevar a la feria a venderme.
Esa sospecha acá la tenemos siempre,
te llevan y es cuestión de esperar
no más que algún viejo te compre
“pa’ los nieto”.
Igual yo soy una privilegiada, soy la preferida
por mi galope parejo, mis ancas seguras, mis
bríos y mis crines rubias (que tanto
le gustan a la Valentina, la hija del patrón).
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