Se desgarró la noche. Oscuridad empetrolada, Negación agazapada, escurriéndose En las huellas de la arenosa playa.
Con viseras de opalina el día ya se proclama…
En los charquitos hay fuego,
Por sobre la mar escapan
Chispas del oro líquido que el sol lejano regala.
Entre pausas de nubes el sol avanza.
Se queman en los hogares las últimas brasas.
Se incendia el pino, y la nostalgia
Se mira en la memoria profunda
-que sin llamarla- algunos días
inunda el alma.